|
AMON
DUUL II
“Phallus
Dei”
(1969)
Temas
1.
Kanaan
2. Dem Guten, Schonen, Wahren
3. Luzifers Gholom
4. Henriette Krotenschwanz
5.
Phallus Dei
Integrantes
Chris
Karrer: guitarra, saxo, órgano, voz
Dieter Serfas: batería
Peter Leopold: batería, percusión, piano
Shrat: percusión, violín
Renate Knaup: voz
Folk Rogner: órgano, sintetizador
Dave Anderson: bajo, voz
Colaboradores:
Holger
Trulzsch (tambores turcos), Christian Borchard (vibráfono)
Había
una vez, en la segunda mitad de los 60s, una comuna hippie en
Alemania que era particularmente activa en los terrenos de la
protesta política, las artes plásticas y la música: tal
comuna se llamaba Amon Duul, y de ella surgieron
dos bandas pioneras del krautrock, Amon Duul y Amon
Dull II, siendo esta ultima la que asumió la creatividad
musical de manera más profesional y metódica. “Phallus
Dei” fue su trabajo debut, y desde un primer momento llamo
poderosamente la atención de la critica de su país, así como
de un creciente numero de fans asombrados por el derroche de
energía, psicodelia y libre expresión vertidas en su música;
eso sin mencionar además el hecho de que las letras de los
temas eran cantados en alemán arcaico.
Vayamos
al repertorio mismo. “Phallus Dei” contiene cinco
temas, siendo así que los cuatro primeros oscilan entre los 2 y
los 8 minutos de duración, consistiendo mayormente en
excursiones sonoras llenas de instrumentaciones y demás sonidos
sucios y a la vez fascinantes, juegos vocales extravagantes y
muchas
veces operísticos (la labor de Renate Knaup en especial,
resulta memorable). De estos cuatro temas, destaco en lo
personal “Luzifers Gholom” por sus exquisitamente
logrados climas densos y misteriosos, y “Henriette
Krotenschwanz” por su envolvente corte marcial, que me
huele un poco a
carnaval
satírico. Pero la “vedette” de este disco es la extensa
suite que le da cierre y titulo al disco. Esta es una alucinada
excursión musical donde el orden y el caos prácticamente se
dan de la mano y se funden en una sola fuerza artística. Tras
un inicio ambiental oscuro, tenebroso e hipnótico, donde se
suceden acordes desencajados de guitarra, violín, saxo, sobre
una densa capa de sintetizador, se da un jam donde la guitarra
solista dirige las melodías, armonías y atmósferas, mientras
algunos cantos sé
escurren por allí y por allá. A la altura del minuto
12 se inicia un jam percusivo de inspiración medio-oriental
realmente memorable, donde se transmiten simultáneamente
actitudes místicas y burlonas - es todo un “Kamasutra” de
tambores. Los últimos tres minutos terminan con una sección
mas articulada, con melodías y riffs reconocibles, digamos que
es lo más “coherente” que aparece en todo el disco, incluso
destilando una actitud de franca alegría (o tal vez, es tan
solo otro momento de burla e ironía).
Destaca
dentro de esta sección final un alucinado solo de violín, que
concentra dentro de sí toda la agresividad que el resto de los
instrumentos se inhibe de expresar.
Podemos
decir que los instrumentos que más destacan a lo largo del
disco son la guitarra y las percusiones: la psicodelia eléctrica
y la contundencia de los vuelos rítmicos tribales son los
protagonistas de la película. El bajo también encuentra muchas
vías para el lucimiento, va mas allá de su función
complementaria
de los patrones rítmicos, y se manda con varias fintas que
exhiben la habilidad del instrumentista (a la sazón, Dave
Anderson, próximo a entrar por un breve tiempo a las filas
de Hawkwind), pero nunca se pone en plan de quitarle
brillo al lucimiento del guitarrista. Este sale al frente como
el indiscutible mariscal artístico del grupo: Chris Karrer,
guitarrista - vocalista - saxofonista - organista, funge como
una especie de “director de orquesta” en estos viajes
psicodelicos, posiblemente debido al
oficio
adquirido de sus días como pianista de jazz. Muchos son los
historiadores del kautrock que lo señalan como el gestor de la
vertiente más profesional y eficiente de la música de Amon
Duul, en este caso, Amon Duul II. Mientras tanto, los
tres percusionistas (uno de ellos es el que aporta ocasionales
solos de violín), el bajista Dave Anderson, una
entusiasta y ensimismada soprano como es Renate, y el
tecladista (encargado de tocar acordes y cortinas a modo de
“pista de aterrizaje” para los vuelos
guitarrísticos
y percusivos) logran transmitir en sus alucinados pasajes
musicales un retrato francamente orgiástico de las brumas del
limbo. No puedo encontrar palabras más adecuadas. Encuentro en
la agresividad visceral de Guru Guru y los delirios
grandilocuentes de Magma, ambientes mas infernales, pero
los vaivenes sonoros de “Phallus Dei” me remiten a
algo menos “destructivo” o “catartico”, y más bien
"erótico", "misterioso" e “hipnótico”:
es en estos sentidos que me remito a la palabra ‘limbo’.
En
suma, el disco debut de Amon Duul II es todo un clásico
seminal del krautrock, y dado que su carácter es mas
abiertamente festivo que los primeros trabajos (a priori más
difíciles) de otras bandas trascendentales del sub-género como
Can, Faust, Guru Guru, recomiendo a los
curiosos que consideren en su agenda de inicio a “Phallus
Dei” como una de sus vías iniciales de investigación.
César Mendoza
cesarinca@americatelnet.com.pe
|