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El otro día llegó a nuestras manos y oídos un álbum que nos hizo pensar en la evolución que había seguido la música rock-progresiva desde sus inicios hasta la actualidad. El señor Ian Anderson (el carismático líder, dueño y señor de Jethro Tull) nos sorprendió con la renovación de sus clásicas propuestas en el año 2000. Y lo hace desde un trabajo fundamentalmente acústico.

Ian Anderson ha mantenido a lo largo de los años (ya son muchos en esto del rock) un estilo definido y muy personal desde finales de la década de los 60, en que se publicó el primer álbum de Jethro Tull titulado This Was Jethro Tull. Su propuesta de convertir un instrumento teóricamente dulce, agradable y pastoril como la flauta travesera, en competidor directo de la todopoderosa guitarra eléctrica solista, agresiva por naturaleza, allá por los albores del rock progresivo, ya sonaba extraño. Pero, sin embargo, gracias a la prodigiosa técnica de mister Ian, sus solos se convertían en algo realmente rockero y perfectamente integrado en una banda sólida con un futuro prometedor, que nos traería álbumes tan unánimemente alabados como Thick as a brick, Aqualung y tantos otros que llevan el inconfundible sello de Ian Anderson, y que han pasado a la historia de los grandes de la música rock. Sus influencias eran diversas, y provenían desde la música clásica, barroca, jazz, folk, celta, hindú, y por supuesto el rock & roll. Por otra parte, sus actuaciones en directo llamaban la atención por la enorme personalidad de Ian, que se movía y actuaba en escena con carisma, transmitiendo al público la fuerza de su música de forma impresionante. Aparte del dominio técnico de la flauta, Ian Anderson compone con soltura e integra muy bien letras y músicas, tocando la guitarra acústica con un personal sonido limpio y agudo.
El álbum al que hoy nos referimos se titula The secret language of birds, está firmado por Ian Anderson como trabajo en solitario, y está hecho a base de cancioncillas que suenan con su típico estilo basado en guitarra acústica – voz – flauta. De esta forma, nos construye un disco imaginativo y fresco, hecho para escucharlo junto a un lago, viendo o imaginando cómo las primaverales ninfas son perseguidas inexorablemente por unos faunos de largas cabelleras y barbas rizadas, vestidos con pantalones de cuadros negros y verdes, viejas levitas remendadas y sombreros de copa de colores. Suena a campestre, a “hippie” antiguo. Quizá por eso nos gustó desde la primera audición. Hay muchas melodías que suenan a otras ya conocidas del propio músico, pero no parecen repetitivas, más bien como una puesta al día o actualización. Las guitarras acústicas (base del trabajo), la flauta, la inconfundible voz de Ian, el característico sonido de órgano Hammond de los antiguos discos de Jethro Tull, se funden con coherencia junto a otros instrumentos, para dar un tono reposado que, sin embargo no pierde de vista la ascendencia rockera del creador y alma mater de la idea.
El disco contiene 15 canciones, algunas con un aire más exótico o tropical, otras con un estilo inglés medieval casi folk, e incluso algunas con reminiscencias árabes/ hispánicas; y en todas ellas se aprecia el típico sonido Ian Anderson /Jethro Tull
El trabajo (no estamos seguros, pero es igual) da la impresión de haberse realizado en una casa de campo con un equipo portátil de grabación, y desprende un aroma familiar y de cercanía, como si fuera el vecino de la casa de al lado. Está grabado principalmente por dos músicos. Por una parte Ian Anderson (músicas, letras, voz, flauta, guitarra acústica, guitarra acústica baja, bouzouki, mandolina, percusión y piccolo), y por otra Andrew Giddings (acordeón, piano, órgano, marimba, teclados, bajo eléctrico, sonidos orquestales y percusión). A ellos se les suman otros músicos puntualmente en algunos temas: Gerry Conway, Darren Mooney y James Duncan (baterías respectivamente en tres temas), y el viejo camarada de Ian,Martin Barre (guitarra eléctrica en dos temas).

 

Stay with me and learn the secret language of birds

 

 Los “trinos” de su flauta y las guitarras acústicas te llenarán la cabeza de pajaritos, y es que D. Ian sabe que las onomatopeyas musicales pueden ir bien, si se las relaciona adecuadamente y con elegancia. Quizá por eso están, además de escritas y grabadas en la parte técnica, producidas por él todas las canciones. Hay también en el disco un vídeo que incluye una disertación de Ian y una pequeña actuación presentando el álbum. Está más viejo y sin su peculiar melena rizada, y aunque tiene las ojeras más pronunciadas (también por los viejos rockeros pasa el tiempo, aunque no mueran) aún conserva la energía suficiente como para hacernos pasar un rato agradable con sus músicas
Es un disco que se deja escuchar varias veces y, aunque de momento no nos parece excesivamente repetitivo, ya veremos como resiste el paso del tiempo. A nosotros personalmente nos ha gustado bastante y nos ha llevado a esos tiempos y esos escenarios que al principio os comentábamos. Y ahora nos vamos a la Feria de Sevilla a tomarnos una copita y a escuchar sevillanas. Hasta pronto

Julián M. Asenjo Jiménez & Laly Asenjo Cano

 

 

 

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