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¿Condena o salvación?
Todavía recuerdo aquella época de mi pubertad cuando mis amigos y yo
admirábamos tanto a Los Beatles que no percibíamos sus errores o, cuando notábamos
alguno, terminábamos por encontrar alguna justificación para el yerro.
Lo mismo sucedío pocos años después cuando conocimos el rock progresivo en los años
setentas: no evaluábamos ni criticábamos lo que escuchábamos; no intentábamos analizar
si la obra en turno tenía defectos de composición o si su estructura tenía errores;
simplemente no teníamos la menor intención de juzgar.
El fenómeno es repetido por cada generación de melómanos: de la misma manera que yo
justificaba los errores de Los Beatles, muchos amantes del rock neoprogresivo (no todos,
afortunadamente) justifican los errores de sus grupos favoritos y aceptan fallas que
distan mucho de ser justificables.
Para detectar tales errores y fallas, primero se debe aceptar que el arte tiene reglas de
construcción. Las reglas del arte se parecen más a las reglas de los juegos que a los
reglamentos sociales y legales: el compositor puede jugar (componer) sujetándose a las
reglas que él mismo elija, inventando incluso sus propias reglas, siempre y cuando no las
cambie durante el desarrollo del juego (la obra). Así como llamaríamos tramposo al
jugador que a media partida de cartas cambiara las reglas del juego, el compositor que
cambia o viola las reglas aceptadas o propuestas por él mismo es un compositor fallido,
deficiente.
Si no aceptáramos este compromiso, no podríamos evaluar ninguna obra estética.
Aceptando la premisa descrita, observemos las fallas o errores más frecuentes:
a) Falta de originalidad. La originalidad es requisito obligatorio
del arte y por ello no es aceptable que un grupo copie el estilo de otro que lo
antecedió. En palabras de Igor Stravinsky, "el músico tiene la obligación de
reinventar la música".
Para defender la falta de originalidad se argumenta generalmente que "ya todo está
hecho" y que "no hay nada nuevo bajo el sol"; pero si así hubiesen pensado
los iniciadores del progresivo, el género (como cualquier otra actividad humana) jamás
habría nacido y mucho menos evolucionado.
Por supuesto, recrear obras específicas de otros compositores no significa necesariamente
falta de originalidad, ya que esta labor exige dosis elevadas de talento para obtener
resultados interesantes, en virtud de que el campo creativo se restringe a música
previamente escrita. Retomando la expresión de Stravinsky, la recreación de una obra
implica reinventarla, aportar a ella la propia invención.
b) Falta de complejidad compositiva. La evolución de cualquier rama
del arte implica un incremento sustancial en su complejidad y el avance del arte es
proporcional a la complejidad de sus estructuras, aun cuando tal complejidad no sea
perceptible a simple vista por la sencillez que pudiese encerrar.
Por ello son inaceptables las obras progresivas simples, carentes de complejidad de
composición, así como también es inaceptable enaltecer su simplicidad como meritoria.
Ya que con frecuencia se confunde lo complicado con lo complejo y lo simple con lo
sencillo, para discernir estas cuestiones acudiré a los siguientes ejemplos:
Cuando el usuario de una computadora hace click con el puntero del mouse sobre un botón
del monitor, se realizan cientos de operaciones en la máquina. El click del mouse es un
función COMPLEJA.
Los mecanismos que conducen al resultado entrañan un alto grado de complejidad que no se
percibe a simple vista; pero que se evidencia cuando pensamos que para cada programa el
click realiza diferentes operaciones. El click del mouse es un función COMPLEJA y
SENCILLA
Realizar las mismas operaciones a través del sistema operativo de la máquina requiere
escribir muchos signos en el teclado y aunque escribir los signos en el teclado es una
actividad simple que por sí misma no presenta mucha dificultad (saber qué signos
escribir es otra cuestión), por la cantidad de signos involucrada, la labor es demasiado
complicada para resultar práctica en el manejo de programas.
El mouse, en cambio, permite al usuario común realizar las operaciones más complejas
gracias a su ingeniosa sencillez
Con estos burdos ejemplos podemos notar que la sencillez es una forma de complejidad
expresada en forma accesible. La complejidad se esconde tras la estructura y su
realización presenta altos grados de dificultad técnica y creativa
La simplicidad, en cambio, carece de complejidad y no presenta dificultades creativas, aun
cuando el procedimiento de su realización sea complicado: la simplicidad muchas veces es
disfrazada con virtuosismo complicado.
c) Abuso del rompimiento brusco. En las obras bien construidas los
pasajes surgen como consecuencia natural del desarrollo de la obra y cada fragmento
desemboca en una transición o puente que lo conecta con el siguiente pasaje y por ello
resultan inaceptables las obras construidas con pasajes que no han sido enlazados por
transiciones naturales.
Cuando el compositor acude al rompimiento brusco como medio para crear tensión o
sorpresa, lo hace en forma sumamente mesurada, pues el abuso de este recurso ocasiona
falta de unidad y evidencia pobre dominio de la técnica compositiva.
El talento del compositor se puede medir en buena parte por la naturalidad de las
transiciones en sus obras, por la forma en que pasa de un pasaje a otro sin que la
transición se note o parezca forzada.
d) Falta de unidad. La unidad de una obra se determina por el grado
de relación entre los diferentes pasajes que la conforman. En las obras bien construidas,
cada uno de estos pasajes es consecuencia del desarrollo de la obra y está relacionado
con otro posterior o anterior, sin ser idéntico.
Las obras cuyas partes no tienen relación entre sí o la tienen en grado mínimo se
consideran faltas de unidad.
Precisamente este es uno de los retos en la composición de rock progresivo: la creación
de pasajes diferentes íntimamente relacionados entre sí, sin que estos pasajes sean
repeticiones idénticas de los expuestos previamente.
e) Uniformidad. El buen compositor tiene en su repertorio obras
construidas con diferentes estructuras y sonoridades y el conjunto total de sus obras
evita la uniformidad. Sin embargo muchos músicos componen utilizando muy pocas variantes
en las estructuras de sus obras, cayendo en una uniformidad que es también inaceptable en
cuanto hace predecible el trabajo del compositor.
La uniformidad frecuentemente se intenta justificar como "estilo"; pero el
estilo del buen compositor aparece, aun en obras estructuralmente diferentes, como un
rasgo que distingue a su creador sin determinar el desarrollo de la obra.
Algunas piezas de King Crimson pueden servir de ejemplo: existe cierta similitud entre
"Red" y "Vrooom Vrooom"; ambas piezas tienen estructuras muy
parecidas. Pero la "Coda" de "Vroom Vroom" se parece más a la coda de
"Lark's tongues in aspic, Part III" que a a cualquier fragmento de
"Red". El resultado final es que "Red", "Lark's tongues in aspic,
Part III" y "Vrooom Vrooom" son piezas estructuralmente diferentes.
A pesar de ello, el estilo de KC es más que notorio en las tres piezas, al igual que en
"Fallen angel" y "One more red nightmare", piezas que no guardan
parecido entre sí ni con las tres mencionadas arriba
f) Predecibilidad. El descuido de los aspectos descritos en los
incisos anteriores conduce finalmente a que las obras tengan un grado de predicibilidad
inaceptable.
No encuentro mejor manera de explicar este fenómeno que la poética forma con que lo
describió el extraordinario compositor mexicano Julio Estrada (la cita no es textual):
"si voy de viaje en un tren y ya conozco el trayecto, nada me sorprende, por lo que
lo más probable es que me aburra y prefiera dormirme; pero si alguien vendara mis ojos y
de pronto, durante el recorrido retirara la venda y volviera a vendarme y más tarde
retirase la venda nuevamente, la sorpresa de cada paisaje que vería me dejaría una
huella imborrable, sería una vivencia inolvidable, única y fundamental en mi existencia.
La música debe ser así, ofrecerte vivencias inesperadas fundamentales, únicas,
irremplazables para tu vida. En el momento en que el compositor le da la brújula al
oyente, el oyente divaga, se desconecta, y el compositor pierde al oyente
irremediablemente".
La música que incurre en los errores enlistados arriba se hace predecible, nos da la
brújula, no nos ofrece esa inesperada vivencia fundamental para nuestras existencias, se
pierde de nosotros para siempre.
Cito nuevamente a Julio Estrada: "cuando más predecible se hace la música, menos
salvación tiene la música".
Jorge
Alveláis
metrognomo@yahoo.com
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